Ciberacoso en jóvenes

Una problemática social en aumento

    El ciberacoso es aquello que conocemos como acoso virtual, que tiene lugar a través de las nuevas tecnologías y que suele darse en forma de ataques directos a la persona o mediante la divulgación de información privada o falsa que la comprometa.

    Este hecho es una problemática social con una prevalencia cada vez mayor entre los jóvenes. Vivimos en la era de la digitalización y cada vez los menores tienen a su disposición dispositivos electrónicos a edades más tempranas, lo que da lugar a que cada vez las víctimas sean de más corta edad.

    Detrás de una pantalla los menores experimentan cierto anonimato y una mayor desinhibición virtual, lo que lleva al acosador a experimentar una menor culpabilidad y a reparar menos en sus actos y, a su vez, a que la víctima lo viva más en silencio.

Cómo detectarlo

    Más allá de las dificultades que existen para detectar dicha situación, existen varias señales de alerta que debemos tener en cuenta:

    Relacionadas con el uso de los dispositivos:

  • Cambios bruscos en su frecuencia, un aumento o una disminución significativa de la misma.
  • Negación o evitación de su uso en presencia de otra persona.
  • Reacciones bruscas o cambios de humor significativos después de utilizarlos.
  • Conductas de rechazo o enfado al preguntarle por las relaciones que establece mediante esta vía.

    Relacionadas con el bienestar emocional:

  • Apatía, estado de desinterés y falta de motivación en actividades que previamente disfrutaba.
  • Transformaciones significativas en su grupo de iguales y en las relaciones que establece.
  • Miedo u oposición a realizar actividades como salir de casa o acudir al centro educativo.
  • Quejas recurrentes relacionadas con dolores de cabeza o estómago, por ejemplo.
  • Cambios relacionados con la calidad del sueño.
  • Descenso significativo en el rendimiento académico.

Ayudar a la víctima

    Ayudar a la víctima que sufre ciberacoso no siempre es una labor sencilla y no corresponde únicamente a los profesionales que intervienen directamente con ella, sino a toda persona que forme parte de su red social. Los jóvenes de su entorno tienen la responsabilidad de ayudar y de no ser cómplices de las agresiones ya que, además, estos son una fuente principal de apoyo a estas edades.

    Los adultos a su vez, debemos acompañar a la víctima, mostrar apoyo y sobre todo no juzgar. Estas suelen vivir lo sucedido en soledad y en ocasiones con una gran culpabilidad asociada, por lo que los adultos debemos mostrar un apoyo incondicional, validar las emociones que el menor esté sintiendo, sin culpabilizar ni hacer reproches.

    Además en este acompañamiento, tenemos la responsabilidad de bloquear y denunciar en redes aquellos perfiles, publicaciones o comentarios que consideremos inadecuados, así como proporcionar al menor líneas de ayuda y denuncia.

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